EL HEXAGONO DE BABEL 4.0

31 Julio, 2007

Los Muertos

Archivado en: Libros y Autores — Serafin @ 8:58 pm

1984

 

 

Los pájaros cantaban; los proles cantaban también, pero el Partido no cantaba. Por todo el mundo, en Londres y en Nueva York, en África y en el Brasil, así como en las tierras prohibidas más allá de las fronteras, en las calles de París y Berlín, en las aldeas de la interminable llanura rusa, en los bazares de China y del Japón, por todas partes existía la misma figura inconquistable, el mismo cuerpo (el de los proles) deformado por el trabajo y por los partos, en lucha permanente desde el nacer al morir, y que sin embargo cantaba. De esas poderosas entrañas nacería antes o después una raza de seres conscientes. «Nosotros somos los muertos; el futuro es de ellos», pensó Winston. Pero era posible participar de ese futuro si se mantenía alerta la mente como ellos, los proles, mantenían vivos sus cuerpos. Todo el secreto estaba en pasarse de unos a otros la doctrina secreta de que dos y dos son cuatro.

— Nosotros somos los muertos — dijo Winston.

— Nosotros somos los muertos — repitió Julia con obediencia escolar.

— Vosotros sois los muertos — dijo una voz de hierro tras ellos.

George Orwell, 1984

 Puede leerse perfectamentecomo una historia de terror. Yo creo que es la obra de terror de nuestro tiempo, junto a las jocosas pesadillas de Kafka. Nuestra gran novela gótica (vosotros sois los muertos). Y sin duda la mejor de las distopías. Y es que está hecha con todo el miedo y la sangre de la época. Es un discurso político, sí, pero pocas veces la política, la advertencia, el avistamiento y la profecía habian tenido un poder tan fuerte y directo, una más angustiosa capacidad para abrirse camino de un hachazo hacia la conciencia y romper el mar helado. Ese que según Kafka llevamos adentro.

Surge la poesía, brota increíblemente, como hierbajos entre los tablones de un suelo sangriento. Se rompe el pisapapeles que es una esfera y una metáfora y se rompe contra ese suelo y esa sangre. Se rompe la esfera y se esparce el contenido. Y se rompen los personajes, Winston y Julia, y el lector se rompe.

Al final, uno de los mayores desasosiegos que la literatura pueda dar. La sospecha de que el solipsismo y Berkeley y O’Brien y El Partido Interior estén en lo cierto. Si todo es un producto de la mente, si la verdad no es más que una construcción cultural y social, ¿existe entonces realmente dicha Verdad? Yo creo que sí, que no es sólo una construcción, sino unos cimientos, pero esa certidumbre ha temblado durante la lectura, para luego recuperar su equilibrio. Mi certidumbre ha temblado, y creo que la de muchos lectores. Que una novela, un simple texto, hoy dia te haga temblar es algo insólito, increíble. Reseñable.

Una distopía (Farenheit 451, A Brave New World, 1984, La Posibilidad de una Isla) siempre es una exageración. Las sombras son ahí inimaginablemente densas. Pero hay que pintar el cuadro con esos oscuros: sólo así se abre camino el impacto. Las sombras pueden ser más furtivas e inciertas fuera de los libros: ahi está el peligro, que no se las vea en la Realidad, bajo el chorreante sol de la vida cotidiana. Hay totalitarismos muy sutiles, en el mundo real, ahí en esa luz. Pero cuando laverdadqueda reducida al insultante periodismo declarativo, a los textos volátiles, al entramado verbal que puede hacerse y desahacerse: ahí están las sombras. El lenguaje reducido a laneolingua de la corrección política (recien llegados, daños colaterales, violencia).El idioma escamoteando miserias e infamias, el idioma desmantelado. Orwelliano tout court. Esa libertad proclamada e ilimitada o el crecimiento económico insistente que jamás (o muy raramente) se visualiza fuera de las pantallas. Las mentiras, bref.  Igual que en la Oceanía que soñó el aterrado Orwell.

Una gran obra no lo es sólo por la limpidez y honestidad de su mensaje. Orwell sabía muy bien de lo que hablaba. Sabía muy bien de lo que hablaba cuando se refería a la tramposa neolingua y su poder reconvertidor de lo real, a la caprichosa reconstrucción del Pasado, al Ministerio de la Verdady la manipulación (y sus sutiles trasuntos de nuestro mundo cotidiano), la falsedad como norma, los vastos gregarismos, los tótems ideológicos que ahogan la crítica, la dilución del individuo en nombre de las gloriosas abstracciones. Orwell vio, y muchos antes de él, la necesidad(desde la perspectiva del sistema) de mantener al hombre en un estado nunca demasiado alejado de la pobreza, el infinito sometimiento al trabajo (imprescindible método de control social) y a la ebriedad política, el (buscado) embrutecimiento intelectual de las masas (los proles).

¿Podrán soñar los postmodernos relativistas con un profeta mayor que O´Brien o una Biblia y texto fundacional como 1984

Un destello en medio de la negrura relativista, destello que se filtra en la historia narrada por Orwell: para la guerra, para la acción y la supervivencia (en situaciones límite) de los Estados no queda mas remedio que reconocer que dos y dos son cuatro. No queda más remedio. Por mucho que la Filosofía y la Política puedan en un momento dado jugar a que son cinco, insistir en que son cinco, jugar al sueño o al solipsismo.  Hay momentos en los que hay que abrir los ojos, que ponerse serio. Eso puede leerse en el texto del oculto y encarnizado enemigo del Gran Hermano y del infernal Estado Oceánico. ¿Hay ahí tal vez una posible fisura -o su esperanza- en el monolito argumentativo de O´Brien?.

Cuando acabé la lectura me pregunté qué sería de Winston Smith y de Julia, (lo que me sucede poquísimas veces), si la derrota era real y definitiva, o el discurso de O´Brien dejaba resquicio. Si esa Sociedad tan inconcebiblemente inhumana sería tan inamovible, si la Historia podía en efecto congelarse de ese modo, o el ser humano congelarse así con ella. La pregunta del lector sobre los personajes y su destino, al cerrar el libro. Eso sólo pasa con las grandes obras, esas que son algo más que una construcción verbal, esas que son algo vivo y que nacieron de alguna desdicha permanente de su autor.

Como Musil, como Bloy o como Kafka, George Orwell escribe desde el vigor y la obcecada denuncia. Política en el caso de Orwell, moral en los otros. Que lo escuchemos o no -victimas y verdugos, que acaso se confundan- eso ya es otro cantar.

25 Julio, 2007

Baja tecnología

Archivado en: Menudencias — Serafin @ 10:27 am

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¿Y qué hago yo ahora con todo esto?  

22 Julio, 2007

Shania Twain

Archivado en: Música — Serafin @ 1:48 pm

From this moment on (1998) 

 La canadiense Shania Twain, especializada en versiones light del country, se coloca aqui ropajes y túnicas de muchachita hindú o algo por el estilo, y le sale un video bizarre, sorprendente.

Aunque minuciosamente anglosajona en lo geobiológico, Shania (Eilleen Regina Edwards), se crió al igual que Suzanne Vega con un padre adoptivo no anglo. Jerry Twain pertenecía a la tribu Ojibwa, oriunda del Canadá. Shania significa algo asi como On my Way, según cuenta el wikipeda de guardia.

Al margen de esos orígenes (in-law) indiocanadienses, contemplando a la Twain en el video from this moment on ( 1998 ) con su disfraz asiático, se hace difícil no imaginar alguna gota de sangre india (americana o asiática) correteando por debajo de esa túnica.

 En el segundo tubo, una Shania más habitual, cowgirl y lavada a la piedra, en Any man of mine, de 1993. Llamativo contraste entre los dos tubos, las dos Twains.

Any man of mine (1993)

 

19 Julio, 2007

Lullaby, 1989 - The Cure

Archivado en: Música — Serafin @ 9:56 pm

 

En algún lugar de este desconcertante blog creo haber hablado ya de Desintegration (1989), acaso el mejor disco de The Cure (Oro en 1989 y Platino en 1989 y 2004): su trabajo más tenebroso.  

Desintegration incluye la canción de cuna más famosa y oscura. Ahi van dos tubos con la versión original (1989) y la acústica (2001)

14 Julio, 2007

Casa Tomada

Archivado en: Política — Serafin @ 9:12 am

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Hubo un tiempo en que El País era sin discusión, el mejor diario de España. En 1976 saltó por primera vez a la arena de la prensa nacional con un estilo honesto, sobrio y veraz. Un diario nuevo, novísimo: moralmente. Irrumpía El País en un universo comunicativo melifluo, algo estancado y no poco ponzoñoso, rodeado de rotativos que habían estado conviviendo con mayor o menor entusiasmo con el Régimen franquista (como cierto diario de la burguesía catalana fundado por un Conde y que en 1939-1940 saludó marcialmente al improbable ”libertador”). Irrumpía El País, que habría de devenir referente ético y político. Inequívocamente comprometido con esa democracia embrionaria que iba tímidamente dibujándose. Era un diario que enlazaba con la tradición liberal y “progresista” (en 1976 esa palabra no sufría del manoseo y bastardeo actual) de cierto periodismo hispánico. El País no era otra cosa que una fresca ventana abierta: un compromiso claro y nítido con la libertad de expresión y de pensamiento, y -naturalmente- de asociación. Un diario serio, de ceño fruncido, eso sí. De poca broma. Nada peor podía caerte que un editorial negativo suyo. Nada peor desde la perspectiva de esa España liberal que en 1976 amanecía y “bostezaba”.

En febrero de 1981, mientras Pedro J. (y muchos otros)  esperaban a ver qué pasaba, El País sacó valiente y desacomplejadamente una edición especial, que titulaba: El País con la Constitución. Aquella portada le valió al diario su definitiva fama -a lo largo de la década siguiente- de campeón de la libertad, la claridad y el compromiso con la verdad. (pues la verdad de los hechos, antes de que el magma postmoderno se aposentase, aún existía y se aplaudía: se exigía)

En mi época facultística -en la primera mitad de los noventa- yo era de los que alardeaban con El País bajo el brazo. ¡Qué elegante, tomarse un café au lait en las inmediaciones pedralbinas con el diario a un lado, junto a la tacita! Hasta 1995 aproximadamente, se mantuvo mi respeto por él. Me gustaba -y sigue gustándome, lo único- su suplemento cultural, Babelia: sin duda uno de los placeres del sábado.

Este año de 2007 me enteré de que El País le había censurado un artículo a Savater. El filósofo llevaba treinta años colaborando con el diario; nunca, que se tenga noticia, le había sucedido algo parecido con el otrora prestigioso rotativo. El artículo censurado llevaba por título Casa Tomada, y jugaba conceptualmente con el famoso cuento homónimo cortazariano, en el que presencias invisibles y vagamente amenazantes van ”tomando”, ocupando, las diferentes estancias de una vivienda: ante lo cual, sus dos habitantes van simplemente replegándose en los pocos espacios que van quedando libres, sin rebelión alguna de su parte, con completo conformismo (total, en esas habitaciones no hay nada de interés, van como diciéndose, etc) hasta su definitiva expulsión de la casa.

Parece que la carga metafórica del cuento cortazariano y el derrotero del artículo de Savater no gustaron al señor Lluis Bassetts, actual demiurgo (editorialista) de El País, que lo desechó. El problema -y parece que Bassets y otros como él no acaban de entenderlo- es que ya no estamos ni en 1976 ni en 1990, y estas cosas hoy dia se saben instantáneamente. Y luego sucede que hay que dar incómodas explicaciones y recurrir al típico lenguajito socialdemócrata de la miel y las hojuelas, ese que ruboriza al propio emisor. Instantáneamente se supo pues la censura del artículo, instantáneamente rebosaron en el blog de Bassets los comentarios críticos, la confusión, las preguntas (¿Es esto verdad, se ha producido en verdad esta censura en nuestro amado diario?, se preguntaban no pocos afectos). Bassets eliminó de su blog esos comentarios incómodos. Más tarde se vio obligado a reconocer toda la secuencia de hechos, edulcorándola con una explicación que, supongo sólo convenció al lector militante de El País: ese que desfila marcialmente cada dia ante el kiosko. Hoy dia, con Internet y su explosión informativa, ese tipo de lector esta condenado si no a la extinción, sí a una implacable minorización. ¡Ah, ese lector disciplinado y marcial, que al repunte de cada alba se cuadraba ante su diario favorito!. Lector que tan cotidiano fue hasta el comienzo del siglo XXI. Eso se acaba.

De ocurrir diez años antes, el asunto Casa Tomada hubiese quedado en el ámbito de la rumorología (”No, no creo que eso sea verdad, El Pais jamás censuraría” o incluso “Si lo han censurado será por algo” (sic) . Hoy dia las cosas no funcionan así, pues esas cosas, se saben o se acaban sabiendo.

 Dejando aparte este lamentable asunto -que podría haber sido sólo un lunar ¿Qué es hoy El País?: una sombra de lo que fue. Nada queda de su viejo rigor, de su viejo compromiso con la verdad de los hechos (al margen de las interpretaciones ideológicas que se hagan más tarde de esos hechos, claro está), de su dinamismo indagador e investigativo, su seriedad, su antigua ”poca broma”. Hoy dia es una frívola cabecera postmoderna más: blanda y complaciente. Otro magma de acrítica corrección política y servidumbre partidista.

A veces todavía lo compro, sí. A veces (también) me gusta recordar mis sueños de hace diez años.

11 Julio, 2007

80

Archivado en: Política — Serafin @ 1:13 pm

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El otro dia en El club de TV3, oigo la homilía medioambiental del conseller de Medi Ambient i Habitatge, señor Baltasar.

El señor Baltasar anuncia la inminente entrada en vigor de la prohibición de circular a más de 80 km/h por la llamada area metropolitana de Barcelona que, como es sabido, llega hasta Castelldefels: localidad situada a más de 20 km del señorío administrativo del alcalde Hereu. Ese que administra con el 20% de los votos del electorado barcelonés (lo que me parece bien, pero que se sepa).

80 km/h por la autovía de Castelldefels. Velocidad de motocicleta. ¿La razón? Si entendí bien al sacristanesco conseller, si comprendí bien la homilía televisada, la razón es el intento de disminuir la contaminación y las enfermedades respiratorias de los ciudadanos (sic). En el horizonte está el cumplir con el famoso protocolo de Kiotto.

Pero vamos a ver. Para lograr esos (presuntos) objetivos sanitarios y medioambientales ¿Lo único que se le ocurre a esta pandilla es poner el automóvil al nivel de la Renfe y ayudar a que un ciudadano tarde una hora entera en recorrer los cuarenta ridículos kilómetros que hay entre Vilanova y BCN?

Vamos a ver, vamos a ver: la gente ha de marcharse de Barcelona por culpa del bandidaje inmobiliario, right? La colla tripartita gobierna desde 2003 en la Generalitat y desde 1995 en el ayuntamiento de Barcelona. Generalitat y ayuntamientos tienen las competencias exclusivas en la materia (lo que, dicho sea de paso, convierte en un majadería más el invento zapateril del Ministerio de la Vivienda, ese que ahora manejará la pesecera Chacón). Generalitat y ayuntamientos no han hecho absolutamente nada en estos 10-12 años para reconducir una situación que se les acabó yendo de las manos. Si es que alguna vez tuvieron intención de reconducir tal situación y de que no se les acabara yendo de las manos (chistecitos antisistema, véase Mayol, aparte).

Résultat: los barceloneses tuvieron (tuvimos) que hacer la maleta y largarnos. ¿A donde? Pues a Gavá, a Viladecans, a Castelldefels, a Vilanova o más lejos aún. Pero el trabajo, la actividad económica y empresarial, seguía estando en Barcelona e inmediaciones, con lo cual tuvimos que seguir umbilicalmente unidos al Cap i Casal.

No solo han sido absolutamente incapaces de aliviar -no ya resolver- el problema inmobiliario, sino que ahora -en nombre de razones de lo más dudoso- le complican un poquito más la vida a ese ciudadano que ha de trasladarse diariamente hasta Barcelona  para ir a trabajar. Al desastre Renfe (que afecta en especial al Baix Llobregat), al bandidaje de los peajes (5 euros cada carrera), que cuenta como única alternativa el increíble circuito (las curvas) del Garraf: a eso, el señor Baltasar y sus amigos vienen a añadirle una nueva genialidad prohibicionista.

No me creo absolutamente nada de esta gente. Ni de ellos, ni de sus supuestos objetivos o razones. Nada. No está en absoluto claro que bajando la velocidad de 120 a 80 disminuya la emisión de partículas contaminantes de una manera significativa (considerando entre otras cosas que los automóviles no son la única fuente de emisión contaminante). Y aunque así fuera, la prohibición es siempre lo más fácil, claro está. Si la contaminación es un problema tan grave -que lleva a los sacristanes del tripartito a preocuparse, más bien a obsesionarse por nuestra salud broncopulmonar- no sería mejor que el Sistema Económico del capitalismo movilístico-petrolero-carbonero cambiara de paradigma, que se atreviese a dar el salto? ¿Porqué no se vuelca en el desarrollo de combustibles alternativos? Si, ya se que tal cosa no es fácil, pero tengo serias dudas de que se intente con la seriedad suficiente. Están las petroleras de por medio, y eso significa mucho de por medio.

Volviendo al ámbito de competencia de las admistraciones españolas y catalanas: también podrían mejorarse las comunicaciones, o potenciarse el transporte público. No entiendo como estando la Renfe en la situación vergonzosa en la que está, se ha atrevido el tripartito a apretarle aún más las tuercas al ciudadano con una medida así. Cuando lanzaron el globo sonda en diciembre, yo pensé: no se atreverán. Estos se atreven a todo, rodeados como están de dioses. Entre ellos esa divinidad tan actual y temible: el medio ambiente. Que la tecnología tiemble ante su ira. Y tiemblen de paso los ciudadanos y sus bolsillos.

¿He dicho ya que no me creo nada? ¿No será más bien que Baltasar y sus amigos saben que no vas a poder resistir la tentación de pisar el acelerador cuando vayas por la autovía de Castelldefels sin tráfico a una hora tardía de la noche, por ejemplo? ¿Quien va a resignarse a ir a 70 u 80 por hora -velocidad poco menos que de ciclomotor- en un tramo recto de autopista y sin más vehículos a tu lado? Casi nadie. Anda que no van a recaudar, los amigos.

Afilando los dientes, me los imagino. Los dientes y los radares.

Otra cosa: la medida no afecta a los del Maresme, los del noreste. ¿Qué pasa, que lo de Kiotto no va con ellos? ¿Ellos sí que pueden ir en turbo?

¿Siempre tenemos que pagar el pato los moritos de la Catalunya nova, o qué?

4 Julio, 2007

Animal Instinct, 1998- The Cranberries

Archivado en: Música — Serafin @ 7:33 pm

 

Es posible que una letra, unos lyrics tengan interpretaciones variadas, y que no sean siempre complementarias. Que sean hasta antitéticas, en algún caso.

Un clip es una minipelícula que puede tomar partido por una de las posibles interpretaciones. Tal cosa es lo que hace el clip del Animal Instinct, de The Cranberries.

La minipelícula relata -por vez enésima- el enfrentamiento entre Antígona (la tierra, la sangre) y Creonte (la ley, el Estado). Eso relata. Y toma partido -como suele suceder en el arte, como casi siempre sucede en el arte, y en cierta política irreductible- por, como no, Antígona.

La Antígona rubita a quien Creonte le arrebata los niños. Creonte le arrebata los niños y los toma a su cargo. Porque Creonte desconfía de la capacidad de esta Antígona para ocuparse de los niñitos. I’ ve got an interview in two days, I am gonna get the job, I swear -chilla Antígona, para que los emisarios de Creonte no se le lleven los niños. Los emisarios de Creonte se le llevan los niños.

Antígona lloriquea mientras toma café o tal vez té (suddenly somethin’ has happened to me, while I was having my cup of tea). Antígona reflexiona sobre ella misma (tal vez), reflexiona sobre su destino y el de sus niños. Antígona resuelve arrebatarle los niños -sus niños- a Creonte. Antígona se pone una peluca negra y se acerca hasta la Children’s aid y se lleva a los niños; mete a los niños en el asiento de atras del coche y se los lleva. A los niños. Se los lleva Antígona a los niños y los arrastra carretera y manta por el medio oeste. Porque eso es USA y no el Peloponeso, y en USA las dudas existenciales o las discordias con el Estado se resuelven una de dos: o agarrando un rifle o agarrando la carretera.

El clip toma partido por Antígona y por la sensibilidad y por la sangre. Y al diablo con el Estado. Pero si este Creonte (la administración USA) te confisca a los niños, yo creo que es por que eres una Antígona de cuidado, una mala Antígona, aunque tengas una entrevista en dos dias y vayas a lograr el trabajo (I swear!). Eso pienso yo. Pero el clip piensa otra cosa. Y piensa que el animal instinct es irreductible y eso canta y lo canta a través de una música elegante y una bella y visual poesía de carretera. Porque el instinto y la sangre con poesía y música entran y entra también el culto a la tierra y el culto a la sangre.

Pero una civilización no se construye (sólo) con sangre o con tierra. También con ley, aunque la ley sea menos poética. Como va a ser poética la ley despues de Kafka. En fin. Pero que no nos falte.

 

21 Junio, 2007

El guateque - 1968, Blake Edwards

Archivado en: Cine — Serafin @ 9:12 am

El Guateque (The Party) es un auténtico paseo antropológico por los sesenta. Como buena parte de Blake Edwards, del Edwards sesentero: el de la Pantera Rosa o del Desayuno con diamantes.

¿Qué es El Guateque? Ante todo: una sucesión de gags espléndidos, como el del zapato inoportuno que se escapa y que luego cuesta tantísimo de recuperar. O la búsqueda del angustioso cuarto de baño. O el encontrar un poco de alegría en una party desdeñosa. Encontrar a Claudine Longet.

Sorprende la elegancia de Peter Sellers, la contención de su personaje. Sí, esa especie de elegancia en el ridículo. Se puede hacer el ridículo -insistentemente como el Sellers hindú- pero de un modo arty.

La película cuenta también -no va a ser menos- con sus lecturas intelectuales. La irrupción de elementos orientales en la cultura occidental, dicen, o se ha dicho. Ese elefante. La irrupción oriental de George Harrison. El Sargento Pepper. La India que irrumpe: en los Sesenta, en Occidente.

O el enfrentamiento en clave slapstick entre un Hollywood apoltronado y otro emergente. Emergente y fresco y con ideas.

No se. Yo me quedo con el gag magistral del zapato, el del tubo adjunto. Empecé a reirme con él de niño, y aún me dura. Me quedo -igualmente- con el Nothing to lose de Mancini, su encanto y su magia sixties.

Me quedo con toda la película, que reveo en momentos de excitación o de melancolía. Hindú me he sentido en muchas fiestas.

15 Junio, 2007

Cunit, número 3.

Archivado en: Baix Penedès — Serafin @ 9:36 am

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Cunit tiene ya según murmuran en el foro, cerca de 20.000 habitantes.

Esto lo coloca en el tercer puesto -de entre la quincena de municipios del Baix Penedès- en cuanto a población: tras El Vendrell (capital del BP) y Calafell.

12.000 empadronados y 6.000 no empadronados: 18.000 almas cunitenques. Los 6.000 fantasmáticos han visto contrastada su presencia a lo largo del año gracias al uso de determinados “colorantes”, como la utilización de servicios médicos fuera de temporada y otros. O sea que si sumamos los 6.000 fantasmáticos a los 12.000 oficiales, arrojan 18.000, como queda dicho, almas cunitenques! Siendo yo mismo un fantasmático al vivir (dormir) aqui y no estar empadronado. Fantasmático, pago al ayuntamiento entre 400 y 500 eurillos anuales.

¡Casi 20.000 almas entre fantasmáticos y no! En el horizonte del 2020, se proclama -la administración proclama- que el municipio habrá alcanzado los 35.00o habitantes. Si consideramos que la población crece a un espasmódico 10% anual, se llegará a la “mágica” cifra (de los 35.000) en sólo 8 años, hacia el 2015.

Por cierto que Josep Miró Illa, responsable del Tot Natura -ciclo de actividades senderísticas por Cunit y el Garraf/Baix Penedès- declaró que en los meses llamados de temporada, la población real del municipio ya es de 35.000 habitantes. Si bien los casi 20.000 añadidos son playeros y flotantes: desaparecen junto con el calor. Marchan con los primeros frios, gaviotas.  

El estrambótico ayuntamiento -gobernado por un pacto PSC-PP- va haciendo cositas. Va haciendo, el ayuntamiento estrambótico. Haciendo va la señora Carreras, alcaldesa. Y la gente eso lo ve. Y la gente prefiere a unos tipitos que van haciendo -aunque con el inevitable trasfondo de corruptelas, intenso en Cunit- que otros que hablan mucho y vete tú a saber lo que harían, a parte de contemplar el mar y acariciar la fina arena. La rubita Montse, de CIU, no ha podido -su bonita sonrisa no ha podido- descabalgar del ayuntamiento a la oronda Dolors Carreras.

El elector más adorado por la administración es el jubilado, soit dit. Apaciguado. El jubilado.

Tras las elecciones municipales del 2007, el consistorio viene representado en ediles por PSC (7 ), CIU (6), PP (2), IC-V (1) y ERC (1). (Yo voté en Barcelona, patria chica, al ser todavía un sinpapeles en Cunit) El pacto PSC-PP suma 7+2 = 9. Mayoría absoluta, aunque se especuló con el trasplante al municipio de la fórmula tripartita.

Este es el Cunit proyectado para el 2020. Parece un Cunit Second Life, pero buena parte de las obras están en proyecto o han sido iniciadas este mismo 2007. Quedará, que duda cabe, un pueblecito majo. Claro que vete tú a saber donde estaré yo en el 2020.

Mientras tanto -mientras hacemos tiempo hasta el 2020- ¿qué pasa con los barceloneses (desterrados) que hemos de visitar el cap i casal sino a diario, varias veces por semana? ¿Para cuando trenes que nos enlacen con Barcelona cada 15 minutos, como los de ViG, eh Dolors? ¿Para cuando autobuses nocturnos, como los de ViG? ¿Para cuando una autopista que no te desolle el muslo y la cartera?

En otros términos ¿Dejará de ser Cunit el Middle West? ¿Cuando formaremos parte del exquisito anglo-Este? ¿Llegará algún dia la Union Pacific, competirá su silbido con el de los indios ululantes? ¿Nos guardaremos el rifle, el Colt 44 ?

¿Perderemos esta sensación fronteriza que se te pega -a mi se me pega- a la piel? 

11 Junio, 2007

Crece la blogósfera hispánica

Archivado en: Sobre Blogs — Serafin @ 11:52 am

Crece la blogósfera hispánica.

Y lo hace con dos nuevas irrupciones, la de Chiaravallotti (en arte Jebluss) y la de Cordano (ahora sí, lanzamiento mundial)

Crece, pues, la blogósfera hispánica,

Y lo hace con:

a) Siberian Dreams

.

Chiaravallotti añade su prospección transiberiana a anteriores aportaciones suyas como Sobre alguien llamado Gregorio Jebluss (elucubraciones desde su resignado yo alternativo) o The Indian Connetion (impresiones en torno a su deambular hindú del verano de 2006)

b) Un italiano a Barcellona.

Cordano se solidariza con la colonia italiana barcelonesa, suministrando no poca información valiosa al italiano eventual que recale en su blog.

¡Bienvenidos ambos dos!

7 Junio, 2007

The Searchers, 1956. John Ford.

Archivado en: Cine — Serafin @ 8:11 am

Ocurre que a veces, a un hombre henchido de odio hacia sí y hacia su inmediato mundo, se le concede la posibilidad de transmutar el odio en orden moral.

¿En orden moral? Sí. De pronto el mundo circundante y odiado le brinda una santa causa: restablecerle el orden y la moral y recomponer un pequeño pedazo de ese mundo circundante y (hasta entonces) odiado. La Civilización lo reclama para sí, dispuesta a acogerlo, exigiéndole tan “sólo” una prueba de rectitud y de adhesión.

Eso es lo que se da a Ethan (John Wayne) en la película más bella y feroz de la historia. Un tipo rufianesco y racista (alejado del noble arquetipo que aquel actor había ido levantando), un tipo enfurecido que no encaja. Que odia y que no encaja.

Un tipo que ama. Que ama a una mujer ya tomada. De pronto una partida de indios arrasa la cabaña a la que volvió tras la Secesión enloquecida. De pronto, la partida de indios asesina a los habitantes de la cabaña y asesina a la amada ya tomada y a su hermano y a toda su familia y rapta a Debbie, su sobrina (la incipiente Natalie Wood).

El hombre moralmente devastado encuentra asi una via para “redimirse”. Para “redimirse” o quizá más bien para canalizar con más eficacia su odio. Transmutar (acaso engañosamente) esa soledad y ese odio, en noble ofensa, en humanidad, en dolor. Junto a Martin, el mestizo de inicio despreciado -luego adorado, como el hijo que nunca ha de tener- marcha hacia la llanura y el infinito ignorado en ese XIX, y hacia la búsqueda de Debbie.

Ford coloca a Eurípides en mitad de la vastedad y en mitad del XIX, y en el entorno bárbaro del continente salvaje; Ford retoma el trabajo de escarbar en las desmesuras que el lenguaje y el ritmo (acaso tampoco la imagen) de calibrar no terminan.

Ethan (John Wayne) ¿fracasa?. Al término de la aventura se le concede contemplar su propio rostro en el del odiado Cicatriz. Ese indio criminal responsable de las muertes que hubieran podido recuperarlo -a él, a Ethan- y que no han podido hacerlo, como nada podrá ya. Como nada pudo recuperar al propio Cicatriz, tampoco al indio criminal, acaso no más criminal que Ethan, extraño también él, el indio, entre los suyos. Cicatriz, que ensayó también la muerte y el horror, como Ethan en su Guerra de Secesión.

Ethan se funde en Cicatriz, su doble (Borges hubiera escrito para la divinidad uno y otro eran el mismo), arrancándole la cabellera, súbito piel roja, también él.

Todo es desmesurado en esta película. Los escenarios a escala sobrehumana, y la determinación -cinco años llevan a Ethan la culminación de su venganza, de su falso rescate- y la búsqueda alucinada y salvaje del yo o del lugar que uno ha de ocupar en el mundo. Y esa desmesura moral -ese desmesura del odio, esa obcecación de una emoción en el Tiempo- es lo que convierte a Ethan en un héroe griego, y lo salva de ser un pequeño revanchista.

No asesina a Debbie una vez reencontrada -Debbie, sobrina y blanca, que en esos años había cohabitado con indios aborrecidos. No la asesina, como su resentimiento inicialmente le aconsejaba.

Pero Ethan no se engaña y ni la circularidad de la película puede engañarnos (la puerta que se cierra y que se abre, que da entrada a Ethan y que al final bellamente lo expulsa): el héroe -pues de héroe hay que hablar aqui, y trágico- ha encontrado acaso lo que buscaba.

Sí, quizá sí que lo ha encontrado: la certidumbre de su exclusión.

5 Junio, 2007

La fiebre del oro (proyecto de proyecto de cuento)

Archivado en: Mis textos literarios — Serafin @ 12:11 pm

Hace unos meses, se apoderó de mi imaginación una fiebre del oro. No me refiero sólo a aquella de 1848 en California. Sucede que en la vida, mágicamente entre el fango relumbra el oro. Alguna vez.

California, en el (casi) centro exacto del siglo XIX. De súbito, y ante un rostro embrutecido y barbado, un brillo relampaguea en la arena. Un paroxismo salvaje brota de esa arena y de ese oro y de su brillo, un paroxismo que recorre toda la geografia transversal de Norteamerica y atraviesa el océano y se llega hasta la misma Europa, atormentada por revoluciones burguesas, incómodas.

Miles de hombres y mujeres parten hacia California. Algunos franceses (huyendo de las turbulencias parisinas del 1848). Italianos también. Nórdicos, no pocos. En barcos, en Carrozas atestadas. Algunos (con ánimo de evitar las anchuras misteriosas de los Estados Unidos) bordean toda la costa americana: tocan el Cabo de Hornos y suben via Pacífico hasta California, aurea. Otros se atreven a hollar los paisajes desconocidos y de vértigo: se lanzan desde la Costa Este -la Norteamérica recatadamente inglesa- hasta el confin californiano, la otra América, la extramuros, la salvaje.

Todo por el oro, por aquel brillo entre el fango. Desdén hacia los valles y montañas sobrehumanas y los escenarios nunca vistos (un siglo tardaría el irlandés John Ford en cantarlos en imágenes definitivas); el chillido y el terror, las etnias asalvajadas y ululantes. Penurias. Sed y hambre. En pos del oro y del Sueño.

Se apoderó de mi imaginación lo siguiente: un niño acompaña a una partida de hombres y mujeres que atraviesa el polvo del continente ignorado y vasto. Nada dejan tras de ellos y en frente creen tenerlo todo y todo abarcarlo. California, tierra ya de sueños, aún no de celuloide. California aurea, salvaje. En medio de la llanura y del vértigo, en la carroza traqueteante, un niño -soñado por mí- lleva consigo una Biblia.

Una Biblia. En su viaje a lo desconocido, una Biblia lleva. Protestante y rubito, la interpreta a su modo. Hubiera podido llevar la Odisea, pero lleva una Biblia. El niño viene de la Europa Nórdica (acaso de Escandinavia) y es una Biblia lo que lleva, y no la Odisea.

Con ella el niño cree transportar un mapa del mundo, un talismán. Eso es para él, ese texto. Alegorías que contienen la totalidad de la vida. Cabe en ella -en ese libro infinito- el paraiso y la magia y la expulsión, la del niño rubito y la de los suyos.

Soñé con ese pequeño ser -unos diez años, tal vez doce- durante dias. En su carroza, con los hombres fantasiosos y embrutecidos, pero (de algún modo) a solas con su talismán. En pos también del oro, de su oro.

Bien ¿qué fue de él? ¿ Donde se encuentra ahora? ¿Alcanzó a ver el Pacífico o fue dispersado -él y su gente- por los Indios?

Escribe Borges maravillosamente en Las Ruinas Circulares (Ficciones, 1942) En general sus dias eran felices. Cerraba los ojos y pensaba Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

De mi -de su soñador- depende que el niño rubito reviva. Que retome su camino o que en él se pierda.

 

3 Junio, 2007

Wrong Number, 1997. The Cure

Archivado en: Música — Serafin @ 11:53 am

De acuerdo: los devotos de The Cure dicen que la pieza aqui presentada, la inédita incluida en Galore (1997) no es ni de largo una de sus inolvidables. De Wrong Number he escuchado más de una “lindeza” de los

fanáticos del grupo inglés que pivota en torno a Smith, casi el único fijo. Pero guardémonos de los fanáticos, Señor. De los de The Cure o de cualquier otro grupo.

Wrong Number no es la mejor pieza de The Cure, certes. Eso dicen incansablemente los entendidos y los devotos, y quizá sea cierto. No lo sé. Pero una cancioncita que no es la mejor cancioncita de The Cure casi seguro que no es mala. Probablemente supera a las mejores piezas de bastantes grupos que no son The Cure.

Bueno, ¿y el videoclip?

Yo soy un gran seguidor de la cultura del video-clip (lo que me ha ocasionado críticas y hasta insultos y la pérdida de alguna amistad, pero a estas alturas ya me da igual). Y como seguidor de la cultura del clip que soy, he de decir que el clip divulgador de Wrong Number es fantástico, o a mí me lo parece. Agradablemente lisérgico. Con algún instante deliciosamente repugnante. Al margen de que la pieza sea o no de lo mejorcito del grupo que, insisto, tal vez no sea de lo mejorcito. O tal vez sí. Qué importa. Pero tiene un maravilloso aire psicodisléptico o si lo preferís, psicoticomimético. Ça c´est bien vrai.

Musicalmente no está la cosa hoy dia para despreciar creaciones como Wrong Number. Ni aunque los responsables sean The Cure, autores de excelencias mayores. Chicos, no estamos en los sixties ni en los seventies.

No está hoy dia la cosa para despreciar nada. Ahí va el clip.

28 Mayo, 2007

Objeto de Deseo: La Ciencia - Nuevo Blog, 2007

gliese-earth

Hace unos dias me abrí otro blog en WP, al que he bautizado con el nombre de Objeto de deseo: La Ciencia.

En ese nuevo blog me ocuparé de las diferentes aproximaciones a la Ciencia, considerada ella misma un objeto de estudio, pues como objeto de estudio puede también tratársela y no sólo, como muchas veces se hace, un método de conocimiento, un instrumento.

Es un instrumento o método de conocimiento por lo tanto, que a su vez puede conocerse, estudiarse. Las aproximaciones a dicho objeto pueden ser de todo tipo: en su marco histórico (Historia de la Ciencia), acercamientos desde la Sociología (incluidos los intentos de apropiación indebida por parte de esta disciplina), diálogos entre la Ciencia y las Humanidades (la famosa bifurcación de las dos culturas y las ideas para corregirla), etc.

En fin. Material para la discusión hay. Lo que me interesa es, ante todo, el impacto social y cultural de la TecnoCiencia a lo largo de la historia y también la Ciencia en sí misma (qué es y qué no es Ciencia, criterios de demarcación, disciplinas “fronterizas”, etc)

 En el nuevo blog escribiré sobre todo articulitos originales, pero incluiré también algún que otro texto antiguo relacionado con el tema propuesto y que haya publicado anteriormente en alguna de mis antiguas bitácoras (en el Hexágono o cualquier otra) o de mis incontables y enmohecidas webs 1.0.

Procuraré ponerme serio en el nuevo blog. Y El Hexágono lo dejaré para los aflojamientos.

La escritura de estos textos ha de servirme además para un buen manejo de la espada ensayística en el campo descrito (manejo que desearía elegante y eficaz- mano izquierda en la cadera- ante cualquier enemigo postmoderno, por temible que sea, o salvaje). Pretendo en un futuro -a unos dos o tres años vista- dedicarme al tema en exclusiva.

24 Mayo, 2007

Santa Elena (otro proyecto de cuento)

Archivado en: Mis textos literarios — Serafin @ 8:27 am

 

(de nuevo con dedicatoria para postmodernos y otros enemigos de la individualidad) 

Acurrucado en la húmeda habitación, intentó sacudirse una vez más el tedio, ese tedio insufrible que lo carcomía, que más bien lo devoraba. ¿Cómo había podido caer él en el fondo de aquella habitación y de aquella remota isla? ¿Cómo desplomarse hacia aquella Soledad, a las humillaciones minuciosas?

Lowe, ese hijo de puta - pensó. Desencajado. Rara vez se refería en otros términos a Hudson Lowe, gobernador inglés de aquella maldita isla, el ínfimo y apartado trozo de tierra que había acogido su desplome increíble.

Hasta las tertulias le aburrían ya, aquellas en las que era todavía posible sentirse el dios que había sido, en las que se sentía capaz de exigir aún la etiqueta cortesana; encuentros desvaídos en los que un puñado de hombres y sus familias lo adoraban como el nuevo Carlomagno que era todavía a pesar de todo.

Malditos ingleses. Malditos, malditos. Canallas.

¿Como había podido pensar por un tímido momento, por un tímido momento siquiera, que aquellos isleños semisalvajes iban a tratarlo con el decoro que él merecía? ¿esos recien llegados a la Etiqueta y a la Civilización? Él había asumido la derrota y el canto de cisne (canto que hizo por segunda vez temblar al Continente), tras el centenar añadido de dias, centenar inconcebible arrancado a última hora a sus enemigos, esos que lo creían ya enterrado.  Acabados aquellos dias, acabado el engañoso y último estertor, liquidado definitivamente su Manto, había pretendido marcharse a América. No a la América grosera y material que iba a mostrársele a aquel siglo y también al siguiente, sino la apacible y romántica de Chateaubriand, aquella recogida en su Atala. Sí, la América del aristocrático francés (ah Chateaubriand, cuantos tumbos tú también, de revolucionario a apólogo rotundo del Cristianismo, pero que noble y que sólido siempre!), la América revelada al comienzo electrizante del luego ramplón XIX. Ese viaje (de contenido mentiroso) del aristócrata a las antiguas colonias de los ingleses, pero ¿qué importa la mentira, cuando sus formas encubren la Verdad, o una Verdad?

 Había pretendido huir a América. Y llevar allí una vida incógnita y rural, perdido en las  inmensidades del continente sobrehumano. El infinito revelado a Cortés. Desdibujado (él y su pasado), se quería desdibujado, en ese infinito. Pero él sabría. Los demás, no. Pero él sabría, siempre.

Hubiera querido salir de Francia, llegarse por Océano a las Américas, a las trece colonias políticamente engoladas. Pero la costa francesa estaba infestada de ingleses. De ingleses. Toda la Armada Británica acordonándole la salida. No le permitieron cruzar el Océano. Y lo llevaron a aquella isla, donde estaba previsto que pasara el resto de sus dias.

En Longwood, el paraje más desolado de un islote desolado, aplastado por vientos -vientos que excitarían imaginaciones románticas en esas décadas iniciales, en aquel 1819- aplastado por recuerdos y por odios. Las termitas desmontaban Longwood, desmontaban la casa en la que lo recluyeron, y el tedio lo aplastaba a él, Emperador de Europa.

Acurrucado en la habitación, en el fondo de la casa, helados su sensibilidad y sus huesos, se dijo a sí mismo: Aquí me han enterrado en un espacio minúsculo distante 2000 kilómetros de la costa africana, continente del que sólo conocemos las costas. 12 kilómetros separan los extremos de la isla mínima. Dos meses tardó el barco en traerme desde Francia. Ya en la isla, encontraron necesario colocarme a 500 metros de su suelo, en esta montaña, aquí en Longwood. ¡cuantas prevenciones, cuantos cuidados y miedos para vigilar a un hombre desplomado! Qué pequeños se me aparecen en el fondo los ingleses desde esta soledad y esta altura!. Los ingleses y los hombres.

Pues yo aquí acurrucado en esta habitación fria y alejada, desgajada de la Geografía y del Tiempo, soy más grande que todos ellos juntos.

SGL, 2007

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